Viaje a un mundo imaginario

Uno de los grandes placeres de viajar es ver lugares descritos en sus libros favoritos, sitios que hasta entonces sólo han sido imaginados.

En su nuevo libro «Literary Trips: Following in the Footsteps of Fame» (Viajes Literarios: Siguiendo los Pasos de la Fama), la editora Victoria Brooks combina ensayos e informaciones prácticas para llevar al lector por senderos literarios. He aquí algunos de sus destinos favoritos.

Marruecos, a través de los ojos de Paul Bowles: El autor de «El Cielo Protector» vivió en Tánger desde 1947 hasta su muerte en noviembre del año pasado. «Bowles la llamaba la ciudad del sueño. Y parece un sueño», señala Brooks en su libro. Escenas de la cinta adaptada de la novela Refugio para el Amor fueron filmadas en el Hotel Continental. «También está El Minzah, el hotel donde Bowles se hospedó en su primer viaje a Marruecos en 1931».

Cuba, a través de los ojos de Ernest Hemingway: «Papa» compró una casa, ahora museo, en 1940 y vivió allí hasta poco antes de su muerte en 1961. «No se puede entrar, pero las ventanas son grandes y todo se quedó exactamente como lo dejó. Luego puede ir al café El Floridita a ver el busto de Hemingway y ordenar un Papa Doble (daiquiri doble bautizado en su honor)».

Otros lugares emblemáticos de Hemingway: el Hotel Ambos Mundos, el restaurante La Bodeguita del Medio y el pueblo de pescadores de Cojimar.

Jamaica, a través de los ojos de Ian Fleming: A partir de 1946, Fleming pasó mucho tiempo en la isla y escribió allí todas sus novelas de James Bond. Su propiedad, Goldeneye, es ahora un pequeño hotel de lujo.

Otro lugar que evoca el espíritu del espía es la playa James Bond en Oracabessa, donde se filmaron escenas de James Bond Contra Dr. No, y el Pueblo Safari de Jamaica, una granja de cocodrilos presente en Vive y Deja Morir.

San Francisco, a través de los ojos de la Generación Beat: «En los años 1950, North Beach era la ‘Base del Beat'». La librería City Lights, lugar de reunión para el poeta Allen Ginsberg, el escritor Jack Kerouac y demás autores de la Generación Beat, está abierta desde hace 47 años.

Taos, Nuevo México, a través de los ojos de D. H. Lawrence: Aunque sólo pasó dos años allí, Lawrence dejó un legado imborrable. «Lawrence pensaba que Taos era el paraíso terrenal», escribe Brooks. Su rancho de 64 hectáreas, a 15 kilómetros al norte de la ciudad, pertenece hoy a la Universidad de Nuevo México.

«La casa está cerrada, pero se puede echar un vistazo por la ventana y ver su sombrero y abrigo colgados allí». Una pequeña capilla contiene sus cenizas y en la ciudad, el hotel La Fonda tiene pinturas eróticas del escritor.

París, a través de los ojos de la Generación Perdida: Ernest Hemingway, Gertrude Stein, Isadora Duncan y demás dotados expatriados se congregaron en la Ciudad Luz porque constituía el centro del modernismo y era barata. En sus primeros días en esa ciudad, Hemingway atrapaba palomas en los Jardines de Luxemburgo para cocinarlas para la cena.

A pesar de sus dificultades económicas, la Generación Perdida frecuentó los cafés del barrio de Montparnasse. La Brasserie Lipp (donde Hemingway escribió parte de «Adiós a las Armas»), La Rotonde y Le Select siguen con sus puertas abiertas. El sur de Inglaterra, a través de los ojos de Agatha Christie: La escritora de misterio creció en la ciudad litoral de Torquay, en la región de Devon.

Sri Lanka, a través de los ojos de Arthur C. Clarke: El maestro de la ciencia ficción tiene 50 años de vivir en Colombo, la capital. «Se le puede divisar dando la vuelta a la ciudad en su Mercedes rojo». Y si visita el lugar, no se pierda la Playa Unawatuna, una de las más maravillosas del mundo, que desempeña un papel en su novela de 1976 «Imperial Earth» (Regreso a Titán).

La casa de playa de Clarke se encuentra en la playa Hikkaduwa, cerca del hotel Suite Lanka. Vietnam, a través de los ojos de Graham Greene: El Hotel Majestic de la Ciudad de Ho Chi Minh era el favorito de Greene. «Las suites son gigantescas y dominan una de sus calles más bulliciosas y el Río Saigón. Es muy exótico». El escritor también se hospedó en el Hotel Continental, que aparece en su novela «The Quiet American» (El Americano Tranquilo)



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